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30 agosto

Astarté, La Tierra del Señor: lo que encontré entre sus páginas.

     Mi primera lectura beta comenzó con un manuscrito que, desde sus primeras páginas, dejaba claro que no iba a ser una historia sencilla.

    Astarté, La Tierra del Señor, de Pablo José Cernada, me llevó hasta un mundo de mitos, leyendas, dioses y pueblos antiguos, pero también hasta una historia profundamente marcada por algo tan humano como el miedo, la supervivencia y el amor de una madre.

    Y ahí estaba ella: Astarté.

♎ Una madre huyendo.

    Astarté está embarazada cuando comienza su huida.

    No huye solamente por ella. Lo hace porque lleva dentro a su hijo y sabe que tiene que protegerlo. El miedo, la necesidad de sobrevivir y ese instinto de una madre por poner a salvo a su criatura se convierten en el motor de buena parte de su viaje.

    Cruza el mar intentando escapar de aquello que la persigue y termina llegando a Tartessos, un lugar que está muy lejos de ser el refugio que quizá esperaba encontrar.

    Porque Tartessos es un reino enfermo.

    Un lugar atrapado en una situación extraña y oscura, donde nadie puede morir y donde las antiguas historias, los mitos y las leyendas parecen cobrar vida alrededor de quienes habitan estas tierras.

    Y Astarté, que ya llega cargada con su propia historia, tendrá que enfrentarse también a todo lo que encuentra allí.

♎ Un viaje entre mitos y leyendas.

    Una de las cosas que más me llamó la atención durante la lectura fue precisamente ese viaje.

    Astarté va recorriendo diferentes lugares y encontrándose con personajes que van dando forma a este mundo: Lixes, Gadeiros, Argantonio, Heracles...

    Cada uno aporta una pieza diferente a una historia en la que la mitología, la historia y la ficción se mezclan constantemente.

    Pero no fue solo el mundo lo que me hizo seguir leyendo.

    Fueron también las personas que lo habitaban.

    Personajes con sus propios intereses, sus conflictos, sus secretos y sus maneras de enfrentarse a aquello que estaba ocurriendo.

    Y entre todos ellos, Astarté seguía siendo el centro de mi mirada.

    Porque, independientemente de todo lo que sucedía a su alrededor, yo no podía olvidarme de algo: ella llevaba una vida dentro.

♎ Cuando una historia habla también de esperanza.

    Hay momentos en los que el manuscrito se vuelve oscuro, aparecen el sacrificio, el dolor y la lucha por sobrevivir, pero también existe una sensación constante de que algo está a punto de cambiar.

    Y esa sensación cobra todo su sentido al llegar al final.

    Después de todo lo que ha atravesado, Astarté consigue sobrevivir.

    Y entonces llega una tormenta.

    En medio de ella, Astarté da a luz.

    Es un niño.

    Baal.

    Y ese nacimiento cambia por completo la sensación con la que había llegado hasta ese momento de la historia.

    Aparecen también el becerro negro y la cabra, elementos que terminan de envolver el nacimiento en ese ambiente simbólico y mítico que ha acompañado toda la novela.

    Y entonces aparece una de esas frases que, como lectora, me gusta encontrar al final de una historia:

"La era de los antiguos mitos llegaba a su fin."

    Y entendí el sentido de todo aquello.

    Después de tanta oscuridad, el final no necesitaba otra batalla.

    Necesitaba vida.

    Necesitaba un nacimiento.

    Necesitaba la posibilidad de empezar de nuevo.

♎ Y así terminé mi primera lectura beta.

    Cuando cerré el manuscrito de Astarté, no solo había terminado una historia.

    Había terminado mi primera lectura beta.

Y quizá por eso le tengo un cariño especial.

Porque fue la primera vez que pude experimentar lo que significa leer una historia que todavía está creciendo y después sentarme a pensar en todo lo que me había provocado.

Astarté me llevó por Tartessos, por sus mitos, sus personajes y sus conflictos.

Pero, sobre todo, me dejó con la imagen de una madre que consigue atravesar la tormenta y traer una nueva vida al mundo.

Y creo que no podría haber imaginado un final más apropiado para aquella historia.

La Tierra del Señor no terminaba.

Renacía.


Podéis leerla aquí: Astarté.




Astarté, La Tierra del Señor


 Toda historia tiene un principio.

    Y mi camino como lectora beta también.

    Mi primera experiencia llegó de la mano de Astarté, La Tierra del Señor, un manuscrito que me permitió descubrir algo que hasta entonces solo intuía: que leer una historia antes de que vea la luz es una forma muy especial de acompañarla.

    No se trataba simplemente de leer.

    Se trataba de entrar en ese mundo que alguien había creado, conocer a sus personajes, dejarme llevar por lo que ocurría en sus páginas y, después, detenerme para pensar en todo aquello que me había hecho sentir.

♎ Leer más allá de las palabras.

    Con Astarté descubrí cuál quería que fuera mi manera de hacer una lectura beta.

    No quería limitarme a señalar lo que estaba bien o lo que podía mejorarse. Quería contar qué había provocado la historia en mí como lectora.

    Qué personajes habían conseguido quedarse conmigo.

    Qué momentos me habían sorprendido.

    Dónde había sentido emoción.

    Dónde había necesitado más.

    Y también qué aspectos pensaba que podían reforzarse para que la historia consiguiera transmitir todo aquello que su autor quería contar.

    Por eso fuimos recorriendo el manuscrito capítulo a capítulo, dejando espacio para las sensaciones, las preguntas, los personajes y todo aquello que iba apareciendo durante la lectura.

♎ Una historia que deja huella.

    Astarté fue mucho más que mi primera lectura beta.

    Fue también la primera vez que comprobé lo interesante que puede ser mirar una historia desde fuera cuando su autor lleva tanto tiempo viviendo dentro de ella.

    Porque quien escribe conoce cada secreto, cada intención y cada pequeño detalle.

    El lector no.

    Y precisamente ahí está el valor de una mirada externa.

    Una lectora beta puede descubrir aquello que quizá el autor ya no ve: un personaje que despierta curiosidad, una escena que emociona especialmente, un momento en el que el ritmo cambia o una parte de la historia que necesita un poco más de espacio para respirar.

♎ El comienzo de algo.

    Cuando terminé Astarté, entendí que quería seguir haciendo esto.

    Seguir leyendo historias que todavía están creciendo.

    Seguir descubriendo mundos antes de que lleguen a otros lectores.

    Y, sobre todo, seguir ofreciendo una mirada sincera, respetuosa y constructiva.

Porque una lectura beta no consiste en decirle a alguien cómo debe escribir su historia.

Consiste en decirle:

"He leído lo que has creado. Esto es lo que me ha hecho sentir."

    Y quizá por eso Astarté siempre tendrá un lugar especial aquí.

    Porque fue la primera.

    La primera historia que me abrió la puerta a este pequeño rincón de lecturas que todavía está empezando a crecer. 💜

…Bienvenidos a mi Lectura Beta.

Mencía

 Ella es Mencía.

Es joven y vive en el Teruel medieval.

Es curandera, aunque algunos prefieren llamarla bruja. Conoce las plantas, los remedios y los secretos de la naturaleza. Sabe qué puede ofrecer cada una de ellas y cómo utilizarlas para ayudar a quienes acuden a ella.

Tiene una forma muy particular de mirar y de estar en el mundo.

Una calma difícil de explicar.

Mencía es luz. Muchísima luz.

Y quizá sea precisamente esa luz la que hace que destaque tanto en el mundo en el que le ha tocado vivir.

Siempre lleva consigo un pequeño saquito de cuero, donde guarda sus plantas y algunos de los elementos que necesita para preparar sus remedios.

En el exterior hay algo más.

Un símbolo grabado.

Pero de eso… todavía no vamos a hablar. 🤫

Hay cosas que es mejor dejar donde están hasta que llegue el momento adecuado.

Por ahora, quería presentaros a Mencía.

Conoceréis su mundo, sus costumbres, sus conocimientos y, poco a poco, también iremos descubriendo todo aquello que la convierte en quien es.

Porque esta historia también empieza con ella.

Y esto es solo el principio. 🌿✨





27 agosto

Pablo.

 

El hombre que observa demasiado

    Hay personajes que llegan a una historia haciendo ruido.

    Y luego están los que simplemente aparecen, se quedan mirando y empiezan a hacer preguntas.

    Pablo pertenece a los segundos.

    Tiene treinta y cuatro años y trabaja como restaurador en el Archivo de Teruel. Es observador, curioso y meticuloso. De esos que reparan en detalles que a los demás se les escapan y que pueden quedarse dando vueltas a una misma idea mucho después de que el resto haya decidido pasar página.

    Tiene TDAH y una manera muy particular de relacionarse con el mundo. Su cabeza rara vez está en silencio: conecta ideas, salta de una cosa a otra, se detiene en pequeños detalles y, cuando algo consigue despertar realmente su interés, puede pasar horas completamente concentrado en ello.

    Eso sí, esa capacidad de concentración tiene su reverso.

    Puede olvidarse de dónde ha dejado las llaves mientras lleva media tarde intentando resolver algo que no le deja tranquilo. 😂

    Pablo tampoco es demasiado amigo de seguir corrientes. No necesita hacer las cosas como las hace todo el mundo ni entiende demasiado bien esa necesidad de encajar en determinados patrones.

    Tiene sus propias rutinas.

    Sus propias manías.

    Su propia manera de mirar.

    Y quizá sea precisamente esa forma de observar lo que haga que empiece a fijarse en cosas que otros pasarían por alto.

    Porque cuando estás acostumbrado a mirar un poco más allá de lo evidente, tarde o temprano acabas encontrando algo.

    Y entonces ya no puedes dejar de buscar.

    Este es Pablo.

    Por ahora, esto es todo lo que os puedo contar de él.

    Aunque tengo la sensación de que, cuando lo conozcáis un poco mejor, vais a entender por qué no podía faltar en esta historia. 👀

…Continuará. 🦋



26 agosto

Entre palabras y silencios.

    

    

    

     Llevo unos días metida de lleno en una historia que llevaba demasiado tiempo esperando salir.

    Una de esas historias que aparecen primero como una idea pequeña y que, sin darte cuenta, empiezan a ocupar espacio. En una libreta. En una nota del móvil. En una conversación conmigo misma. En una escena que aparece de repente cuando no toca.

    Y entonces llega un momento en el que ya no puedes seguir guardándola.

    Tienes que escribirla.

    Eso es precisamente lo que estoy haciendo ahora.

    Todavía no puedo contaros demasiado. Y, siendo sincera, tampoco quiero hacerlo. Hay historias que necesitan conservar algunas cosas en secreto mientras crecen. Hay personajes que prefiero que conozcáis poco a poco y preguntas para las que todavía no ha llegado el momento de encontrar respuesta.

    Pero sí quiero dejaros acompañarme.

    Desde este pequeño rincón iré compartiendo algunas pinceladas del proceso, pequeños detalles, personajes, escenas y todo aquello que pueda enseñaros sin romper la magia de la historia.

    Quizá alguna vez os deje una pista.

    Quizá conozcáis a uno de sus personajes.

    Quizá una imagen os diga más de lo que parece.

    Y quizá, con el tiempo, todas esas pequeñas piezas empiecen a encajar.

    Por ahora solo puedo deciros que hay tres nombres por los que vamos a empezar:

Pablo.
Mencía.
Domingo.

Y hasta aquí puedo contar. 🤫

Lo demás tendrá que esperar.

Pero la historia ya ha empezado.



El novio -- Freida McFadden --

 



  El Novio


      Hay libros que empiezas con ganas de descubrir qué esconden.

    Y hay otros en los que, desde las primeras páginas, sabes que algo no encaja.

    Con El novio, Freida McFadden juega precisamente con eso: con las apariencias, con las primeras impresiones y con esa sensación de que quizá la persona que tienes delante no sea exactamente quien dice ser.

    Y, aunque la premisa tenía ingredientes que podían dar mucho juego, mi experiencia con esta lectura ha sido bastante diferente de lo que esperaba.



📖 ¿De qué trata?.

    Sydney Shaw está cansada de las citas que salen mal. Después de una colección de encuentros poco afortunados, conoce a un hombre que parece ser diferente.

    Atractivo, atento y aparentemente perfecto.

    Pero mientras Sydney empieza a ilusionarse, varias mujeres aparecen asesinadas en Nueva York. Todas tienen algo en común: sus últimas citas fueron con un hombre que encaja demasiado bien con la descripción de su nuevo novio.

    Y entonces aparece la pregunta inevitable:

    ¿Hasta qué punto conocemos realmente a la persona que tenemos al lado?

    La historia también nos lleva al pasado, donde conocemos a Tom y Daisy, una relación que comienza cuando son niños y que esconde desde el principio una parte bastante más inquietante de lo que parece.

💭 Mi experiencia como lectora.

    Reconozco que la premisa me llamaba la atención.

    La idea de una relación aparentemente perfecta mezclada con una serie de asesinatos tenía todos los ingredientes para mantenerme enganchada y hacerme sospechar de todo y de todos.

    Pero, en mi caso, no terminó de funcionar.

    Esperaba encontrar más tensión, más sensación de peligro y, sobre todo, más de ese juego psicológico que hace que no puedas confiar en nadie.

    La historia tiene secretos y giros, pero no consiguieron provocarme el impacto que esperaba. En varios momentos sentí que estaba leyendo para descubrir qué ocurría, pero no porque necesitara desesperadamente saberlo.

    Y para mí, en un thriller, esa diferencia pesa bastante.

🔎 ¿Lo mejor?.

    La premisa.

    Me parece una idea con mucho potencial y precisamente por eso creo que me dio más rabia no conectar con la historia como esperaba.

    También me ha resultado interesante la forma en la que la novela alterna entre la historia de Sydney y el pasado de Tom y Daisy, porque poco a poco va dejando piezas sobre la mesa.

🤔 ¿Y lo que no me ha convencido?.

    La tensión.

    Me ha faltado esa sensación de "un capítulo más y lo dejo" que busco en este tipo de historias.

    Los giros están ahí, pero no todos consiguieron sorprenderme como esperaba y, en conjunto, la lectura me dejó bastante fría.

Mi valoración ⭐⭐ / 5

    No ha sido una mala lectura por el simple hecho de que no me haya gustado, pero sí ha sido una de esas historias que empiezas esperando que te atrapen y terminas pensando que podría haberte dado mucho más.

    Y eso también forma parte de leer.

    No todos los libros tienen que convertirse en favoritos. Algunos simplemente pasan por nuestras manos, nos hacen pensar qué buscamos como lectores y siguen su camino.

    El novio ha sido uno de ellos.

    Y ahora… a por la siguiente historia. 📚🦋



23 agosto

Laboratorio de palabras.

Hay lugares donde se guardan cosas.

Este va a ser el mío.

Un pequeño laboratorio de palabras donde mezclar lecturas, escritura, historias y todo aquello que sucede entre las páginas de un libro y las que todavía están por escribir.

Aquí quiero hablar de mis lecturas, compartir mis reseñas y contar qué historias me han gustado, cuáles me han sorprendido y cuáles, simplemente, no han conseguido conquistarme. Porque leer también es opinar, sentir, descubrir y dejarse llevar.

Pero este espacio no va a vivir solamente de libros terminados.

También quiero hablar de lo que escribo, de mis proyectos, de los personajes que aparecen en mi cabeza y de esas ideas que empiezan siendo apenas una frase y terminan convirtiéndose en una historia.

Y habrá otra parte muy importante: mi trabajo como lectora beta.

Leer manuscritos antes de que lleguen a sus lectores es entrar en historias que todavía están creciendo. Mirarlas desde dentro, descubrir qué funciona, qué emociona, qué engancha y dónde una historia puede necesitar un pequeño empujón.

Eso es lo que quiero hacer aquí: leer con atención, escribir desde la emoción y compartir mi mirada.

Sin pretender tener la fórmula perfecta.

Porque en este laboratorio vamos a experimentar.

Con palabras, con historias, con personajes, con libros y con todas esas pequeñas cosas que hacen que una historia consiga quedarse con nosotros.

Así que bienvenidos a mi Laboratorio de palabras.

Aquí se lee.

Aquí se escribe.

Y, de vez en cuando, también se desordena todo un poquito.

Como debe ser. 🦋


Las mujeres que mantienen vivos nuestros pueblos.

     Las calles de un pueblo guardan muchas historias, pero no todas aparecen en los libros. Algunas están en las manos que trabajan la tier...