El hombre que observa demasiado
Hay personajes que llegan a una historia haciendo ruido.
Y luego están los que simplemente aparecen, se quedan mirando y empiezan a hacer preguntas.
Pablo pertenece a los segundos.
Tiene treinta y cuatro años y trabaja como restaurador en el Archivo de Teruel. Es observador, curioso y meticuloso. De esos que reparan en detalles que a los demás se les escapan y que pueden quedarse dando vueltas a una misma idea mucho después de que el resto haya decidido pasar página.
Tiene TDAH y una manera muy particular de relacionarse con el mundo. Su cabeza rara vez está en silencio: conecta ideas, salta de una cosa a otra, se detiene en pequeños detalles y, cuando algo consigue despertar realmente su interés, puede pasar horas completamente concentrado en ello.
Eso sí, esa capacidad de concentración tiene su reverso.
Puede olvidarse de dónde ha dejado las llaves mientras lleva media tarde intentando resolver algo que no le deja tranquilo. 😂
Pablo tampoco es demasiado amigo de seguir corrientes. No necesita hacer las cosas como las hace todo el mundo ni entiende demasiado bien esa necesidad de encajar en determinados patrones.
Tiene sus propias rutinas.
Sus propias manías.
Su propia manera de mirar.
Y quizá sea precisamente esa forma de observar lo que haga que empiece a fijarse en cosas que otros pasarían por alto.
Porque cuando estás acostumbrado a mirar un poco más allá de lo evidente, tarde o temprano acabas encontrando algo.
Y entonces ya no puedes dejar de buscar.
Este es Pablo.
Por ahora, esto es todo lo que os puedo contar de él.
Aunque tengo la sensación de que, cuando lo conozcáis un poco mejor, vais a entender por qué no podía faltar en esta historia. 👀
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