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13 septiembre

🦶 Andar descalzo: ese lujo que llevamos en los pies

     Hay algo que hacemos prácticamente todos los días y en lo que probablemente no pensamos demasiado: ponernos los zapatos.

    Nos levantamos, nos vestimos y ahí están. Deportivas, botas, sandalias, zapatillas… cada una para su momento, porque aparentemente nuestros pies también necesitan tener fondo de armario. 😂

    Y luego llegamos a casa, nos los quitamos y soltamos ese pequeño suspiro de alivio que significa: «Por fin.»

Porque reconozcámoslo: pocas cosas hay tan agradables como andar descalzo.

    Sobre el suelo de casa, sobre la madera, sobre la hierba, sobre la arena… cada superficie tiene una sensación diferente y nuestros pies se encargan de recordárnoslo.

Y quizá hemos olvidado un poco lo que significa sentir el suelo.

    Estamos tan acostumbrados a llevar los pies protegidos que muchas veces ni nos damos cuenta de toda la información que reciben cuando caminamos. La temperatura, la textura, si el suelo está duro, blando, irregular… nuestros pies están trabajando constantemente aunque nosotros vayamos pensando en qué vamos a hacer para comer.

Y cuando nos quitamos los zapatos, de repente todo eso vuelve.

¿Cuándo fue la última vez que caminaste descalzo sin pensar en nada?.

    No me refiero a quitarte los zapatos porque te molestan. Me refiero a caminar un rato simplemente sintiendo dónde estás pisando.

La hierba fría.

La arena que se mete entre los dedos.

El suelo de casa después de estar todo el día fuera.

Esa sensación de apoyar el pie y notar directamente lo que tienes debajo.

    Quizá parezca una tontería, pero vivimos tan deprisa que hasta caminar se nos ha convertido en algo que hacemos en automático.

    Vamos pensando en lo que tenemos que hacer después, mirando el móvil, llegando tarde a algún sitio o simplemente con la cabeza en otra parte.

Y de repente, te quitas los zapatos.

Y estás ahí.

Hemos complicado hasta lo de caminar

Esta es mi parte favorita.

    Hemos inventado zapatillas con cámaras de aire, espumas especiales, suelas de no sé cuántas tecnologías y materiales que parecen diseñados por la NASA.

    Y mientras tanto, nuestros pies llevan miles de años haciendo exactamente lo mismo.

Caminar.

    No estoy diciendo que tengamos que tirar los zapatos por la ventana y salir descalzos a conquistar el mundo. Nuestros zapatos nos protegen y, dependiendo del lugar y de cada persona, son necesarios.

    Pero quizá sí podamos recuperar pequeños momentos para dejar que nuestros pies hagan algo tan sencillo como sentir.

Caminar descalzos por casa.

Quitarnos las zapatillas en la hierba.

Pisar la arena.

Sentir el agua.

    Y hacerlo sin buscarle una propiedad milagrosa ni convertirlo en otro objetivo que cumplir.

Simplemente porque se siente bien.

    Porque quizá estamos tan acostumbrados a protegernos de todo que hemos olvidado que sentir también forma parte de estar aquí.

Y hay algo bonito en eso.

    Nuestros pies llevan toda la vida sosteniéndonos y nosotros, a cambio, los tenemos encerrados en zapatos durante horas.

Así que, de vez en cuando, quizá podríamos hacer un trato.

Nosotros nos quitamos los zapatos.

Ellos hacen el resto.

    Hay pocas sensaciones mejores que llegar a casa, dejar los zapatos en la puerta y pensar:

…«Ahora sí. Pies libres.» 🦶💜




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