Septiembre también es empezar de nuevo.
Septiembre siempre me ha parecido un mes extraño.
No es enero, pero tiene algo de enero.
No estrenamos calendario, pero sentimos que empieza una etapa nueva. Guardamos las tardes largas, los días de verano y ese pequeño desorden de agosto y, de repente, volvemos a mirar el reloj, las agendas, las rutinas y todo aquello que dejamos aparcado durante unos meses.
Septiembre llega sin pedir permiso.
Y quizá por eso me gusta...
Porque no viene con la obligación de cambiarlo todo. No tenemos que convertirnos en una versión nueva de nosotros mismos ni hacer una lista interminable de propósitos.
A veces basta con volver.
Volver a nuestras rutinas.
A nuestros libros.
A nuestras palabras.
A esas pequeñas cosas que nos hacen sentir que estamos otra vez en nuestro sitio.
Este septiembre quiero quedarme con eso.
Con las ganas de empezar, pero sin la necesidad de hacerlo perfecto.
Con los proyectos que tengo entre manos, con las historias que todavía quiero contar y con todas esas ideas que llevan tiempo dando vueltas en mi cabeza.
También con los libros que esperan en mi estantería.
Con las páginas que todavía no he escrito.
Con las historias que todavía no conozco.
Y con esos pequeños momentos que quizá no parecen importantes cuando suceden, pero que algún día recordaremos y pensaremos: qué bonito era aquel septiembre.
Porque quizá empezar de nuevo no siempre significa dejar algo atrás.
A veces significa simplemente volver a encontrarnos.
Y yo, este septiembre, quiero hacer precisamente eso.
Volver a mí.
Sin prisas.
Sin listas imposibles.
Sin exigirle demasiado al mes.
Solo con ganas de ver qué trae.
Así que… bienvenido, septiembre.
Vamos a ver qué hacemos contigo. 💙

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