Hay alimentos que forman parte de nuestra vida desde siempre y pocas veces nos paramos a pensar cómo llegaron hasta aquí.
El chocolate es uno de ellos.
Hoy parece imposible imaginar una merienda, unos churros o una tableta de chocolate sin pensar que ha estado siempre con nosotros. Pero el cacao llegó a Europa desde América y, según la tradición histórica vinculada al Monasterio de Piedra, Aragón tuvo un papel pionero en su elaboración.
Tenemos que viajar hasta Nuévalos, en la provincia de Zaragoza, y hasta la cocina del antiguo Monasterio de Piedra.
A mediados del siglo XVI, un monje cisterciense habría llevado hasta el monasterio cacao procedente de América. Allí, en las cocinas monacales, comenzaron a prepararlo y se sitúa en 1534 la primera elaboración de chocolate en Europa. La propia documentación del Monasterio de Piedra conserva esta tradición y Turismo de Aragón recoge también el dato.
Y aquí viene una de esas curiosidades históricas que me encantan.
Los primeros europeos que experimentaron con el cacao no estaban preparando precisamente una tableta de chocolate como las que conocemos hoy.
El cacao americano era muy diferente al producto que tenemos actualmente. Su preparación fue evolucionando con el tiempo y, en el Monasterio de Piedra, los monjes fueron incorporándolo a su alimentación. De hecho, está documentado que durante el siglo XVIII el cacao ya formaba parte habitual de la dieta de los monjes y de sus huéspedes.
La historia también cuenta que el cacao llegó al monasterio de la mano de Fray Jerónimo de Aguilar, un religioso que habría acompañado a Hernán Cortés en México y que, al regresar a España, llevó cacao y su forma de preparación. Es una tradición muy vinculada al monasterio, aunque las fuentes actuales suelen presentarla como una historia transmitida a lo largo del tiempo, más que como un episodio del que conservemos todos los detalles documentales.
Lo que sí sabemos es que la antigua cocina del Monasterio de Piedra sigue siendo hoy uno de los lugares protagonistas de esta historia. Allí se puede visitar una exposición dedicada precisamente a la evolución del chocolate y a su relación con el monasterio.
Y me parece curioso pensar que algo que hoy asociamos con meriendas, celebraciones y pequeños caprichos empezó siendo un producto completamente desconocido para los europeos.
Primero fue una novedad llegada de otro continente.
Después, un alimento que despertó curiosidad.
Y con el tiempo terminó convirtiéndose en uno de los grandes placeres gastronómicos del mundo. 🍫
Además, Aragón no se quedó únicamente con aquella primera historia.
La provincia de Zaragoza ha seguido vinculada al chocolate y en 2022 la capital acogió por primera vez el Salón Internacional del Chocolate, precisamente reivindicando ese vínculo histórico con el origen europeo del cacao.
Así que la próxima vez que tengamos delante una taza de chocolate caliente, una onza de chocolate o cualquier dulce que lleve cacao, podemos pensar que una pequeña parte de esta historia también pasó por Aragón.
Porque a veces descubrimos que detrás de algo tan cotidiano como un trozo de chocolate hay siglos de viajes, intercambio cultural, monasterios, América y hasta una pequeña cocina en Nuévalos.
Y eso sí que es una historia para saborear despacio. 🍫💜
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