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11 septiembre

🐝 El avispón oriental ha llegado a España. Y no, no es la avispa asiática.

Tenemos un nuevo vecino!!

    Bueno, nuevo, nuevo… tampoco. Lleva unos cuantos años por aquí, pero parece que últimamente está haciendo bastante más ruido. Y teniendo en cuenta que hablamos de un avispón, quizá no sea la mejor manera de presentarse.

    Se llama Vespa orientalis, aunque seguramente os resulte más fácil recordarlo como avispón oriental. Y sí, está en España.

    Pero antes de empezar a mirar al cielo cada vez que veamos algo volando y salir corriendo como si nos persiguiera el apocalipsis, vamos a aclarar una cosa: no es la famosa avispa asiática.

Tenemos otra.

    Porque aparentemente una sola especie de avispón dando problemas no era suficiente. 😂

¿Y de dónde ha salido este señor?.

    El avispón oriental no es originario de España. Su área natural se extiende por zonas del Mediterráneo oriental, Oriente Medio, Asia occidental y algunas regiones del norte y este de África.

    En nuestro país se detectó por primera vez en Valencia en 2012 y, unos años después, apareció otra población en Algeciras, en Cádiz, en 2018. Desde entonces ha ido ampliando su presencia, especialmente por el sur de la Península.

Y parece que se ha encontrado bastante cómodo.

    Porque una cosa es venir de visita y otra muy diferente es decir: «Bueno, pues ya que estoy aquí, me quedo.»

    En Andalucía, los estudios más recientes han documentado su expansión por las ocho provincias y una presencia cada vez mayor tanto en zonas urbanas como rurales.

    De hecho, investigadores del CSIC llevan tiempo siguiendo su evolución y en septiembre de 2026 han vuelto a advertir de su expansión. Eso sí, también han querido lanzar un mensaje de tranquilidad: no se trata de un insecto que vaya buscando personas para atacarlas y, según los expertos, suele picar cuando se siente amenazado o cuando nos acercamos a su nido.

    Así que tampoco hace falta declarar la guerra al primer bicho que veamos con alas.

¿Cómo podemos reconocerlo?

    Aquí viene una parte importante, porque si algún día vemos uno no queremos confundirlo con cualquier avispa que esté tranquilamente haciendo su vida.

    El avispón oriental tiene una coloración bastante oscura y rojiza, con una característica zona amarilla en la frente y una banda amarilla en el abdomen. Los adultos suelen medir entre 25 y 35 milímetros.

Vamos, que pequeñito precisamente no es.

    Pero tampoco es ese monstruo gigantesco que algunas imágenes de internet parecen querer hacernos creer que mide lo mismo que un gato.

    Internet, como siempre, haciendo su parte para que mantengamos la calma. 😂

El problema no somos nosotros. Son las abejas.

Y aquí es donde la cosa deja de tener tanta gracia.

    El avispón oriental es un depredador muy eficaz y entre sus presas favoritas están las abejas melíferas. Las obreras cazan distintos insectos para alimentar a las larvas y pueden permanecer cerca de las colmenas esperando a que las abejas entren y salgan.

Y esto puede convertirse en un problema serio para los apicultores.

    Porque una colmena sometida a ataques constantes no solamente pierde abejas. Las obreras pueden reducir sus salidas para recolectar alimento y la colonia acaba debilitándose. En determinados lugares, los ataques intensos han llegado a provocar la pérdida de colmenas enteras.

Y aquí aparece algo que quizá no pensamos cuando hablamos de una avispa.

Las abejas no están solamente para que nosotros podamos desayunar una tostada con miel.

Son polinizadoras.

    Forman parte de un ecosistema del que dependemos mucho más de lo que solemos recordar cuando estamos tranquilamente comprando fruta en el supermercado.

    El avispón oriental, además, no se alimenta exclusivamente de abejas. Es bastante oportunista y puede depredar otros insectos, incluidas avispas, moscas, mariposas y saltamontes. Por eso preocupa también su posible impacto sobre otros polinizadores y sobre el equilibrio de los ecosistemas.

Y resulta que le gusta el calor.

Aquí tenemos otro detalle interesante.

    El avispón oriental está especialmente adaptado a climas secos y cálidos. En España puede aprovechar además las condiciones de las ciudades, donde encuentra refugios para construir sus nidos, alimento y temperaturas algo más elevadas que en los alrededores.

Y esto nos lleva inevitablemente a hablar del cambio climático.

    No significa que cada vez que aparezca un avispón oriental podamos echarle la culpa directamente al cambio climático y cerrar el debate. La expansión de una especie depende de muchos factores, entre ellos el transporte humano, las condiciones ambientales y su capacidad para adaptarse.

    Pero los investigadores sí consideran que el calentamiento puede favorecer el establecimiento y expansión de esta especie en determinadas zonas.

    Porque resulta que mientras nosotros discutimos si este septiembre sigue siendo verano o ya deberíamos sacar una chaqueta, algunos insectos también están comprobando que el clima les viene bastante bien.

Y no, no ha aparecido ayer.

Quizá eso sea lo que más me llama la atención de todo esto.

    No estamos ante un insecto que haya cruzado la frontera la semana pasada y ahora esté haciendo turismo por España.

Lleva años aquí.

Lo que estamos viendo es su expansión.

    Y eso también nos recuerda algo que ocurre muchas veces con las especies introducidas: cuando empezamos a hablar de ellas en las noticias, normalmente no es porque hayan aparecido ayer, sino porque su presencia ya ha alcanzado una dimensión que empieza a resultar mucho más visible.

    En este caso, además, el seguimiento científico se está apoyando también en la ciencia ciudadana. Los registros realizados por personas que identifican y fotografían ejemplares ayudan a conocer por dónde se está extendiendo la especie.

    Así que sí: aquella fotografía que haces cuando ves un bicho raro puede terminar teniendo más utilidad de la que pensabas.

    Aunque, por favor, primero la foto y después salir de ahí si estás al lado de un avispero. No necesitamos héroes de National Geographic en zapatillas. 😂

Entonces, ¿tenemos que tener miedo?.

No.

Tenemos que tener información.

    El avispón oriental es una especie que merece atención por su impacto ecológico y, especialmente, por los problemas que puede generar en la apicultura. Pero eso no significa que tengamos que entrar en pánico cada vez que veamos una avispa.

La mejor defensa, como suele ocurrir, es saber qué tenemos delante.

    Y quizá también entender que los ecosistemas están cambiando, que las especies se desplazan y que el mundo natural no es algo estático que podamos dejar colocado exactamente donde lo encontramos.

A veces llegan nuevas especies.

Otras desaparecen.

Algunas encuentran un clima que les resulta especialmente favorable.

    Y nosotros, mientras tanto, intentamos entender qué está pasando y cómo podemos adaptarnos.

    Porque quizá dentro de unos años hablar del avispón oriental en algunas zonas de España nos parezca completamente normal.

Y esa es precisamente la parte que debería hacernos pensar.

No tanto que haya llegado un nuevo avispón.

Sino qué condiciones estamos creando para que pueda quedarse.

    Y ahora os pregunto: ¿habíais oído hablar del avispón oriental o, como yo hasta hace no demasiado, pensabais que cuando hablábamos de «avispones» nos referíamos siempre a la avispa asiática?

Porque visto lo visto, parece que vamos a necesitar empezar a llevar un pequeño catálogo de vecinos con alas.




…Por si acaso. 🐝

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