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27 septiembre

❤️ Cuando una ciudad convierte sus tradiciones en parte de su identidad

    Teruel acaba de recibir dos reconocimientos turísticos para dos de sus celebraciones más emblemáticas: Las Bodas de Isabel de Segura ha sido reconocida como Fiesta de Interés Turístico Internacional y la Vaquilla del Ángel, conocida por todos como la Vaquilla, como Fiesta de Interés Turístico Nacional. Los diplomas se entregaron ayer en el Teatro Real de Madrid.



Y sí, son dos reconocimientos importantes.

    Pero mientras leía la noticia pensaba que lo verdaderamente interesante no está en los diplomas.

    Está en todo lo que tiene que ocurrir para que una fiesta consiga convertirse en algo que una ciudad siente como suyo.

    Porque Las Bodas de Isabel no aparecen de la nada cada mes de febrero. Detrás hay una historia que empezó a representarse en las calles de Teruel en 1997 y que, con el paso de los años, fue creciendo hasta convertirse en una recreación histórica en la que participan cientos de personas. La Fundación Bodas de Isabel, la Federación de Grupos, actores y vecinos hacen posible que durante unos días la ciudad vuelva a viajar hasta el siglo XIII para contar la historia de Isabel de Segura y Diego de Marcilla.

Y luego está la Vaquilla.

    Una fiesta completamente diferente, con otro ambiente, otra forma de vivirla y otra manera de entender la tradición, pero profundamente vinculada a la identidad de Teruel. Este mismo mes ha recibido la declaración de Fiesta de Interés Turístico Nacional, que reconoce su singularidad, trayectoria histórica y valor cultural y festivo.

Dos celebraciones distintas.

Dos formas de vivir Teruel.

Y ahora, dos reconocimientos.

    Pero hay algo que comparten y que me parece mucho más importante: las dos necesitan a la gente.

    Una tradición no sobrevive porque aparezca en un calendario. Sobrevive porque alguien decide continuarla. Porque hay asociaciones que trabajan durante meses, personas que participan, vecinos que abren sus calles, gente que se viste, ensaya, organiza, monta, desmonta, prepara y vuelve a empezar al año siguiente.

    Una fiesta puede atraer visitantes, pero antes de eso tiene que significar algo para quienes viven allí.

    Y creo que ahí está precisamente la diferencia entre visitar una celebración y sentir que formas parte de ella.

    Hay lugares donde las fiestas son un acontecimiento que sucede durante unos días y después desaparece hasta el año siguiente. Y hay otros donde la fiesta forma parte de la propia manera de reconocerse como ciudad.

Teruel tiene algo de eso.

    Porque cuando llega febrero y las calles se llenan de personajes medievales, no se está representando únicamente una historia de amor. Se está recuperando una parte de la memoria colectiva de la ciudad.

    Y cuando llega la Vaquilla y aparece el pañuelico en el Torico, tampoco estamos hablando solamente de unos días de celebración. Hay generaciones enteras que han vivido ese momento y lo han convertido en parte de sus recuerdos.

    Quizá por eso me gusta que estos reconocimientos hayan llegado ahora.

    Porque detrás de una declaración turística hay algo que no aparece en el diploma: muchas personas llevan años haciendo posible que esas tradiciones sigan teniendo sentido.

Y eso también es patrimonio.

    No solamente las torres, las murallas, las iglesias o los edificios que podemos fotografiar.

    También lo son las historias que seguimos contando, las celebraciones que seguimos compartiendo y las costumbres que conseguimos transmitir de una generación a otra.

🍵 El matcha de hoy.

Me quedo con una idea muy sencilla.

Hay ciudades que tienen monumentos que cuentan su historia.

    Y hay ciudades que, además, la representan, la celebran y la vuelven a vivir cada año.

    Teruel acaba de recibir dos reconocimientos que ponen sus fiestas en el mapa turístico, sí. Pero quizá lo más bonito sea recordar que antes de convertirse en reconocimientos fueron tradiciones mantenidas por personas.

Porque una fiesta puede empezar con una historia.

Puede crecer con los años.

Puede atraer a quienes vienen de fuera.

    Pero solo se convierte realmente en parte de una ciudad cuando sus propios habitantes sienten que también les pertenece. ❤️

    Y quizá por eso algunas tradiciones consiguen algo extraordinario:

pasar el tiempo sin quedarse en el pasado.


📍 La noticia

Titular: Teruel, con doble reconocimiento turístico para sus fiestas más emblemáticas
🗞️ Medio: Cadena SER Teruel

Leer la noticia original en Cadena SER

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