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04 septiembre

Hablemos de lo que no siempre se ve 💛

Hay cosas que se ven.

Una pierna escayolada.
Una herida.
Una fiebre.

Y hay otras que no.

    Hay personas que sonríen mientras por dentro están librando una batalla que nadie conoce. Personas que salen a trabajar, quedan con amigos, leen, escriben, hacen planes y continúan con su vida mientras intentan entender qué les está pasando.

    Por eso hoy quiero hablar de algo que todavía nos cuesta mucho nombrar: los trastornos mentales.



    Porque hablar de salud mental no debería limitarse a decir que tenemos que cuidarnos más. También significa conocer, comprender y dejar de mirar con miedo aquello que no entendemos.

    Existen muchos tipos de trastornos mentales y pueden afectar de maneras muy diferentes. Ansiedad, depresión, trastornos de la conducta alimentaria, trastorno bipolar, trastornos psicóticos, trastornos de personalidad, trastornos relacionados con el trauma...

    No son simplemente «estar triste», «tener un mal día», «ser demasiado sensible» o «tener mucho estrés».

Y tampoco son una personalidad.

Una persona no es su diagnóstico.

Es mucho más que eso.

    Detrás de cualquier diagnóstico hay alguien con una historia, con una familia, con sueños, con miedos, con días buenos y días malos. Alguien que puede necesitar ayuda profesional y, sobre todo, alguien que merece ser tratado con respeto.

    Quizá uno de los mayores problemas sea precisamente ese: que todavía pensamos que podemos saber cómo está alguien simplemente mirándolo.

Y no.

No siempre se nota.

No todas las personas que sufren están llorando.
No todas las personas que tienen ansiedad están temblando.
No todas las personas que están deprimidas dejan de salir de casa.

A veces siguen haciendo absolutamente todo.

Y eso no significa que estén bien.

Por eso creo que tenemos que aprender a preguntar de otra manera.

No solo un «¿qué tal?» dicho por costumbre.

Sino un «¿cómo estás de verdad?».

    Y aprender también a escuchar la respuesta sin intentar arreglarlo todo inmediatamente.

Porque quizá no necesitemos tener las palabras perfectas.

Quizá simplemente necesitemos estar.

También tenemos que aprender a pedir ayuda.

    Acudir a un profesional de la salud mental no debería ser visto como un fracaso ni como algo de lo que avergonzarse. Igual que buscamos ayuda cuando algo nos duele físicamente, también podemos necesitarla cuando algo no está bien por dentro.

Y sí, todavía queda mucho camino.

Queda hablar más.

Escuchar más.

Informarnos mejor.

    Dejar de utilizar determinados trastornos como insultos o como etiquetas para describir comportamientos que simplemente no comprendemos.

    Y, sobre todo, dejar de pensar que una persona tiene que demostrar que está sufriendo para merecer ayuda.

Porque lo que no vemos también puede doler.

Así que hoy, desde este pequeño rincón, solo quería recordar algo:

No sabemos qué batalla está librando la persona que tenemos delante.

Seamos un poco más amables.

Preguntemos.

Escuchemos.

Y si alguna vez somos nosotros quienes no estamos bien, recordemos que:

 …pedir ayuda también es una forma de cuidarnos.💛

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