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05 septiembre

📱 ¿Cuánto de nuestra vida estamos viviendo detrás de una pantalla?

Hay una cosa que me resulta curiosa.

       Podemos pasar horas mirando una pantalla sin darnos cuenta.

Un mensaje.
Una notificación.
Un vídeo.
Una historia de Instagram.
Otro vídeo.
Un WhatsApp.
Volvemos a Instagram.

Y cuando queremos darnos cuenta, ha pasado una hora.

O dos.

O quizá más.

    No voy a decir que las redes sociales sean malas. Sería bastante hipócrita por mi parte. A mí también me gustan. Me permiten compartir lo que hago, descubrir personas, encontrar historias, reírme, inspirarme y sentirme cerca de gente que quizá, de otra manera, nunca habría conocido.

El problema quizá no sean las redes.

    Quizá sea cuando dejamos de utilizarlas y empiezan a utilizarnos ellas a nosotros.

    Cuando sentimos que tenemos que contestar inmediatamente.

    Cuando abrimos una aplicación sin saber siquiera por qué.

    Cuando estamos viendo una película y tenemos el móvil en la mano.

    Cuando quedamos con alguien y, en algún momento, los dos terminamos mirando nuestras pantallas.

    Cuando sucede algo bonito y nuestra primera reacción ya no es simplemente disfrutarlo, sino pensar en cómo fotografiarlo, compartirlo o contarlo.

    Y entonces me pregunto:

    ¿Cuántas cosas nos estamos perdiendo mientras intentamos enseñarle nuestra vida a los demás?

Porque también está esa otra parte.

Las redes nos enseñan vidas aparentemente perfectas.

Personas que viajan.

Personas que estrenan casa.

Personas que entrenan todos los días.

Personas que tienen trabajos maravillosos.

Personas que siempre están guapas.

    Personas que comen sano, leen muchísimo, tienen la casa ordenada, salen con amigos, hacen planes y parecen tener la vida completamente resuelta.

    Y nosotros miramos todo eso desde el sofá, quizá en pijama, con la casa hecha un desastre y pensando que deberíamos estar haciendo algo más con nuestra vida.

Pero olvidamos una cosa.

    Estamos comparando nuestra vida completa con los mejores momentos de la vida de otras personas.

Y eso es una batalla que nadie puede ganar.




También creo que hemos aprendido a tener miedo al aburrimiento.

Esperar cinco minutos se nos hace eterno.

Una cola necesita un móvil.

Un viaje en autobús necesita un móvil.

Una comida necesita una foto.

Un momento de silencio necesita música, un podcast o un vídeo de fondo.

    Como si estar a solas con nuestros propios pensamientos fuese algo que hubiera que evitar.

Y quizá nos vendría bien recuperar un poco el aburrimiento.

Mirar por la ventana.

Dar un paseo sin escuchar nada.

Tomarnos un café sin fotografiarlo.

Estar con alguien sin mirar el teléfono.

Hacer algo y no contárselo a nadie.

Guardar algún momento solo para nosotros.

Porque no todo lo que vivimos tiene que convertirse en contenido.

No todo tiene que recibir un «me gusta».

No todo tiene que ser compartido.

Hay momentos que pueden ser simplemente nuestros.

Y quizá la pregunta no sea si deberíamos dejar las redes.

Quizá sea mucho más sencilla:

¿Estamos eligiendo cuándo queremos estar en ellas?

    Porque si somos capaces de coger el móvil cuando queremos, dejarlo cuando queremos y disfrutar de lo que tenemos delante sin sentir que necesitamos registrarlo todo…

Entonces quizá sigamos siendo nosotros quienes decidimos.

Y eso me parece bastante importante.

Así que hoy, en este pequeño ratito conmigo, te dejo una pregunta:

    ¿Usamos las redes para vivir más o estamos empezando a vivir para las redes?

Yo todavía no tengo una respuesta definitiva.

Pero creo que merece la pena pensarlo.

Aunque sea mientras dejamos el móvil boca abajo durante cinco minutos. 💙

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