Aprender a sobrevivir.
Hay personas que aprenden a vivir mirando lo que tienen a su alrededor.
Domingo aprendió algo distinto: a sobrevivir.
Es joven y vive en el Teruel medieval, en un mundo en el que conocer el terreno puede ser tan importante como cualquier otra cosa.
Domingo conoce la montaña.
Conoce los caminos, los senderos y esos lugares que quizá para otros no significan nada, pero que para él cuentan una historia. Sabe leer las huellas, reconocer por dónde ha pasado un animal y encontrar aquello que necesita para salir adelante.
Es trampero.
Sabe preparar sus trampas, conoce los animales y tiene esa paciencia que hace falta para esperar el momento adecuado. No necesita correr detrás de las cosas. Observa. Espera. Y actúa cuando toca.
Quizá por eso Domingo sea un personaje de pocas palabras.
No porque no tenga nada que decir, sino porque ha aprendido que primero hay que mirar.
Es práctico, paciente y bastante desconfiado. Está acostumbrado a arreglárselas con lo que tiene y a no esperar demasiado de nadie.
Y también lleva consigo una historia.
Domingo desciende de Urrea de Gaén, y ese vínculo con su origen forma parte de quien es y de la manera en la que entiende el mundo que le rodea.
No es un hombre que necesite grandes cosas.
Conoce los caminos.
Conoce el monte.
Conoce el silencio.
Y sabe que, cuando llega el momento, hay que saber encontrar una salida.
Pero quizá lo que más me gusta de Domingo es precisamente eso: que detrás de esa apariencia práctica y sencilla hay mucho más de lo que parece.
Y eso es algo que iremos descubriendo poco a poco.
Porque Domingo aprendió a sobrevivir mucho antes de descubrir de qué tendría que hacerlo.
Por ahora, esto es todo lo que puedo contaros de él. 👀
El resto tendrá que esperar.
Él es Domingo.
Y todavía nos queda mucho camino por recorrer a su lado. 🦋

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