Páginas

13 septiembre

🎬 Cuando el Pirineo se convierte en película

 



Mario Casas pasó cuatro semanas alojado en el Pirineo aragonés mientras rodaba Bajo la piel del lobo.

    Y sí, la noticia habla de su refugio, del antiguo monasterio del siglo XVII convertido en hotel y de ese rincón del Sobrarbe que conquistó al actor.

Pero a mí me interesa más lo que hay detrás de todo eso.

    Porque mientras Mario Casas dormía en Boltaña, a pocos kilómetros se estaba rodando una película que convirtió algunos de los paisajes más espectaculares de Huesca en parte de su historia.

Muro de Bellós. Valle de Pineta. Bielsa. Boltaña.

    Lugares que para quien vive aquí forman parte de nuestro paisaje y que, vistos a través de una cámara, pueden parecer sacados de cualquier rincón remoto del mundo.

    De hecho, el propio Casas contó que durante el rodaje había gente que les preguntaba si aquellas imágenes se habían grabado en Canadá o en los Andes argentinos. Y cuando descubrían que estaban rodadas en Asturias y Huesca, alucinaban.

Y no me extraña.

    Porque el Pirineo tiene algo que en pantalla funciona especialmente bien.

No necesita demasiados artificios.

Tiene montañas.

Tiene bosques.

Tiene pueblos de piedra.

Tiene nieve.

Tiene silencio.

    Tiene lugares que parecen haberse quedado suspendidos en el tiempo.

    Y luego están esos pueblos que quizá no aparecen todos los días en las noticias, pero que de repente se convierten en escenario de una película y consiguen que miles de personas descubran que existen.

Eso también es una forma de contar Aragón.

🎬 El cine tiene esa capacidad.

    Puede coger un lugar que para nosotros es simplemente «el Pirineo» y convertirlo en el escenario de una historia que después verá gente que jamás ha estado allí.

    Y eso tiene una consecuencia muy interesante: el paisaje deja de ser solamente paisaje.

Se convierte en parte de la película.

En parte de la historia.

En parte del recuerdo que se lleva quien la ve.

    En Bajo la piel del lobo, por ejemplo, la naturaleza no era simplemente el fondo de las escenas. La propia película necesitaba ese entorno para contar la historia de Martinón, un hombre que vive aislado en las montañas. Por eso aquellos espacios del Sobrarbe encajaron tan bien con la película.

Y quizá por eso estos rodajes son importantes para Aragón.

    Porque cuando una producción llega hasta aquí no solo trae cámaras y actores.

Trae equipos, alojamientos, restaurantes, profesionales, proveedores y personas que durante semanas trabajan en el territorio.

Y después queda algo más difícil de medir: la imagen.

La gente descubre un valle.

Un pueblo.

Una carretera.

Una montaña.

Un rincón que quizá nunca había visto.

Y un día decide ir a conocerlo.

🍵 El matcha de hoy.

    A mí me gusta pensar que tenemos delante de nosotros auténticos escenarios de película y muchas veces ni siquiera nos damos cuenta.

    No hace falta viajar miles de kilómetros para encontrar paisajes que parezcan de otra parte del mundo.

A veces basta con subir hacia Huesca.

Y perderse un poco.

Porque quizá eso sea lo más bonito de esta historia: que el Pirineo aragonés no tuvo que convertirse en otra cosa para aparecer en una película.

Solo tuvo que ser él mismo...

…Y vaya si funcionó. 🎬🏔️💚


📍La noticia.

Titular: El refugio de Mario Casas está en un pequeño pueblo del Pirineo: un antiguo monasterio del siglo XVII y un casco antiguo de origen medieval
🗞️ Medio: El Periódico de Aragón. Mario Casas en Aragón

No hay comentarios:

Publicar un comentario

Las mujeres que mantienen vivos nuestros pueblos.

     Las calles de un pueblo guardan muchas historias, pero no todas aparecen en los libros. Algunas están en las manos que trabajan la tier...