Hay una imagen muy concreta de la vuelta al cole que todos conocemos: mochilas nuevas, libros, material escolar, reencuentros, horarios que vuelven a ponerse en marcha y ese pequeño caos de los primeros días. 🎒📚
Pero hay niños y adolescentes para los que septiembre significa algo completamente diferente.
Significa volver a encontrarse con quien les hace daño.
Y creo que de eso hablamos demasiado poco.
Porque cuando pensamos en bullying muchas veces imaginamos la escena más evidente: insultos, empujones, golpes, alguien acorralando a otro en el patio.
Pero el acoso también puede ser mucho más silencioso.
Dejar a alguien fuera constantemente. Hacerle el vacío. Ridiculizar su aspecto. Inventar rumores. Reírse de cómo habla, de cómo viste o de lo que le gusta. Conseguir que el resto del grupo se ría para que esa persona termine sintiendo que el problema es ella.
Y ahora tenemos además un lugar del que antes era mucho más fácil escapar: el móvil.
Porque el acoso ya no termina necesariamente cuando suena el timbre y cada uno se va a casa. Un mensaje, una fotografía, un grupo de WhatsApp o una publicación pueden hacer que el colegio continúe dentro de la habitación. 📱
Los datos más recientes que recoge UNICEF a partir de una investigación con 75.329 escolares de entre 10 y 20 años muestran precisamente esa realidad: el ciberacoso afecta a una parte importante de adolescentes y, además, suele coexistir con el acoso presencial.
Y hay algo que me preocupa especialmente cuando hablamos de bullying.
La facilidad con la que los adultos podemos quitarle importancia.
«Son cosas de niños».
«A esa edad se meten todos con todos».
«Tiene que aprender a defenderse».
«No le hagas caso y ya está».
No.
Si un niño tiene miedo de ir al colegio, si empieza a aislarse, cambia su comportamiento, deja de relacionarse con sus amigos, tiene problemas para dormir o busca constantemente excusas para no ir a clase, merece que alguien se pare a preguntar qué está pasando. Son algunas de las señales que UNICEF recomienda tener en cuenta.
Y tampoco quiero que olvidemos a quienes lo ven.
Porque en muchas ocasiones hay alguien que sabe lo que está pasando y no participa directamente, pero tampoco hace nada.
El que mira.
El que escucha.
El que sabe que esa persona come sola todos los días.
El que ve cómo se ríen de ella.
El que recibe el vídeo.
El que está en el grupo donde ocurre todo.
No hacer daño también es importante. Pero no permitir que otros lo hagan, todavía más.
Quizá por eso la vuelta al cole debería servir para algo más que estrenar mochilas y organizar horarios.
También debería ser un buen momento para recordar que un colegio tiene que ser un lugar seguro.
Y que pedir ayuda no convierte a nadie en un chivato, ni en alguien débil, ni en «el problema».
Lo convierte en alguien que ha decidido que aquello que está pasando no está bien.
En España existe además el teléfono 900 018 018 del Ministerio de Educación para situaciones de acoso y malos tratos en centros educativos. Es gratuito, confidencial y funciona las 24 horas, los 365 días del año; pueden utilizarlo menores, familias, profesionales y cualquier persona que conozca una situación de acoso.
Porque quizá haya algo que deberíamos enseñar desde el primer día de colegio:
Que nadie debería tener miedo de volver a clase.
Y que detrás de una mochila, de un uniforme, de unos deberes sin hacer o de una mala nota hay siempre algo mucho más importante.
Hay un niño. Hay una niña. Hay una persona que está aprendiendo a vivir.
Y no debería aprender también lo que significa sentirse solo frente a los demás. 💜
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