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18 septiembre

Adicciones y salud mental: un problema mucho más grande de lo que parece.

    


    Cuando hablamos de adicciones solemos pensar en alcohol, drogas, juego, compras, internet o videojuegos. Pensamos en aquello que una persona hace y que ya no puede controlar.

Pero una adicción puede dejar mucho más detrás.

    Puede romper relaciones, provocar problemas económicos, afectar al trabajo, aislar a una persona de su entorno y deteriorar su salud física. Y también puede hacer algo de lo que hablamos bastante menos: afectar seriamente a la salud mental.

     Porque el consumo continuado de determinadas sustancias puede favorecer o desencadenar problemas como ansiedad, depresión o síntomas psicóticos. También pueden aparecer alteraciones importantes del sueño, cambios de ánimo y otros problemas psicológicos, especialmente durante los periodos de consumo, intoxicación o abstinencia.

Y aquí es donde creo que debemos detenernos un momento.

    Porque una persona puede empezar consumiendo para desconectar, para sentirse mejor, para escapar de algo, para divertirse o simplemente porque un día empezó y no pensó que aquello pudiera convertirse en un problema.

    Pero cuando la adicción avanza, lo que comenzó siendo una forma de evadirse puede terminar convirtiéndose en otra fuente de sufrimiento.

    Ansiedad. Depresión. Paranoia. Alteraciones del comportamiento. Problemas para dormir. Aislamiento. Irritabilidad. Pérdida de interés por aquello que antes importaba.

Y entonces ya no estamos hablando únicamente de una adicción.

    Estamos hablando de una persona cuya vida y cuya salud mental pueden estar deteriorándose al mismo tiempo.

    Los datos del Ministerio de Sanidad muestran además que esta relación no es anecdótica: en 2023, el 24,3 % de las personas que recibieron tratamiento por una adicción comportamental tenía antecedentes de otra patología psiquiátrica.

    Por eso me parece tan importante hablar de las adicciones sin quedarnos solamente en el «tiene que dejarlo».

    Hay que tratar la adicción, sí. Pero también hay que mirar qué ha provocado, qué está provocando y qué hay detrás de ella.

    Porque cuando una adicción termina afectando a la mente, a las relaciones, a la familia, al trabajo y a la propia manera de vivir, el problema ya no cabe en una sola palabra.

    Y quizá ahí esté lo verdaderamente importante: entender que una adicción no siempre termina cuando desaparece aquello a lo que una persona era adicta. A veces, lo más difícil empieza después. 💜

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