Esta mañana, si alguien ha pasado por la Plaza de España de Zaragoza, se habrá encontrado con una imagen poco habitual: tiendas de campaña ocupando uno de los espacios más céntricos de la ciudad.
No es una zona de acampada improvisada ni gente que haya decidido pasar allí la noche porque sí. Desde ayer, el Sindicato de Inquilinas de Zaragoza mantiene una acampada reivindicativa para reclamar medidas que faciliten el acceso a una vivienda, y después de la primera noche el campamento ha crecido hasta superar las 80 tiendas, según la organización. Algunos medios hablan ya de cerca de un centenar de personas.
La convocatoria comenzó ayer por la tarde con una cacerolada y, poco después, aparecieron las primeras tiendas frente a la sede de la Diputación Provincial. A las once de la noche ya había unas 60 instaladas. Y esta madrugada ha llovido.
Pero las tiendas han seguido ahí.
La plaza ha amanecido convertida en un pequeño campamento.
Y creo que esa imagen dice bastante por sí sola.
Porque una tienda de campaña normalmente significa algo temporal. Una excursión. Un festival. Unos días de vacaciones.
Aquí significa otra cosa.
Significa que hay personas que están utilizando el espacio público para llamar la atención sobre la dificultad de acceder a una vivienda.
Los organizadores explican que su protesta responde a lo que consideran una situación de dificultad creciente para poder pagar una vivienda y mantener al mismo tiempo el resto de gastos cotidianos. Entre sus reivindicaciones están medidas relacionadas con los precios del alquiler y la protección de los inquilinos.
Y aquí creo que merece la pena separar la protesta de la reflexión.
Porque podemos estar de acuerdo o no con las medidas concretas que propone un colectivo, podemos compartir unas reivindicaciones y no otras, pero hay una pregunta que atraviesa todo esto y que resulta bastante difícil de esquivar:
¿Qué ocurre cuando tener un lugar donde vivir deja de sentirse como algo alcanzable?
Una casa no es solamente cuatro paredes.
Es donde dejas las llaves al llegar.
Donde haces la compra y la guardas en un armario.
Donde tienes tus cosas.
Donde sabes que puedes cerrar la puerta y quedarte tranquilo.
Donde un niño hace los deberes, alguien trabaja desde el sofá, una persona cuida a otra o simplemente se pasa una tarde sin hacer absolutamente nada.
La vivienda no es solamente un precio por metro cuadrado.
Es el lugar desde el que construimos nuestra vida.
Y precisamente por eso esta imagen de la Plaza de España resulta tan potente: porque durante unas horas personas que reclaman poder tener un hogar han terminado durmiendo en una plaza pública.
No deja de tener cierta contradicción.
Y quizá sea precisamente esa contradicción la que hace que la imagen nos obligue a mirar.
Además, la acampada no termina hoy. El Sindicato de Inquilinas ha anunciado que continuará, al menos, hasta la manifestación convocada para mañana sábado 3 de octubre, que partirá a las 18:00 horas desde la plaza de Santo Domingo.
La protesta de Zaragoza forma parte de una movilización más amplia por la vivienda que está teniendo lugar estos días en distintas ciudades españolas.
Y mientras todo esto sucede, en la Plaza de España hay personas organizándose, pasando la noche juntas y tratando de mantener la acampada.
Una pequeña ciudad dentro de otra ciudad.
Con tiendas en lugar de pisos.
Con convivencia en lugar de comunidades de vecinos.
Con una plaza como salón.
Y con una pregunta que sigue encima de la mesa.
🍵 El matcha de hoy.
Quizá lo más llamativo de esta imagen no sean las tiendas.
Quizá sea lo que representan.
Porque una tienda de campaña debería ser una elección para pasar unos días.
No debería ser el símbolo de que encontrar un lugar estable donde vivir se ha convertido en una preocupación para tantas personas.
La vivienda tiene muchas cifras detrás: alquileres, salarios, hipotecas, precios, contratos, oferta, demanda. Pero cuando todo eso se junta, al final siempre termina hablando de algo mucho más sencillo: dónde duerme una persona esta noche.
Y hoy, en Zaragoza, algunas personas han decidido dormir en una plaza para pedir precisamente poder hacerlo algún día bajo un techo que puedan llamar suyo.
No sé si una acampada cambiará las cosas.
Eso tendrá que decidirlo la propia sociedad y quienes tienen responsabilidades en materia de vivienda.
Pero sí sé que hay imágenes que consiguen convertir un problema abstracto en algo que puedes ver.
Y esta mañana, la vivienda tenía forma de tienda de campaña en la Plaza de España. 🏠
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