Hay un proverbio chino que me ha hecho pensar bastante:
«Un árbol torcido vive su propia vida, pero un árbol recto se convierte en madera».
No sé si alguna vez nos hemos parado a pensar en lo mucho que intentamos enderezar todo aquello que se sale de la línea.
A las personas, también.
Desde pequeños aprendemos que hay una manera correcta de hacer las cosas. Que tenemos que seguir determinados caminos, cumplir determinadas expectativas y encajar, en la medida de lo posible, dentro de aquello que los demás consideran normal.
Y cuando alguien se sale de ese camino, enseguida aparece alguien dispuesto a señalarlo.
«Deberías hacer esto».
«Así no vas a llegar a ninguna parte».
«Tienes que sentar la cabeza».
«¿Por qué no haces como los demás?».
Como si vivir consistiera en conseguir que todas las ramas crecieran exactamente en la misma dirección.
Pero un árbol no siempre crece recto.
A veces encuentra una piedra.
A veces recibe menos luz de un lado.
A veces el viento lo obliga a cambiar de dirección.
Y sigue creciendo.
Torcido, quizá. Diferente, seguramente. Pero vivo.
Y creo que con las personas ocurre algo parecido.
Hay quienes no siguen el camino que se esperaba de ellos. Personas que cambian de profesión, que empiezan de nuevo cuando todo el mundo pensaba que ya era demasiado tarde, que necesitan más tiempo para encontrar su sitio o que simplemente descubren que aquello que parecía perfecto desde fuera no era para ellas.
Y durante mucho tiempo podemos pensar que estamos haciendo algo mal.
Hasta que entendemos que quizá no estábamos hechos para crecer rectos.
Porque hay caminos que no llevan a ninguna parte simplemente porque no son nuestros caminos.
La frase también tiene una parte que me parece especialmente potente: el árbol recto termina convertido en madera.
Es una imagen bastante dura, pero muy clara.
Aquello que encaja perfectamente puede acabar siendo utilizado para cumplir una función que otros han decidido.
Mientras que el árbol que creció a su manera conserva algo que no puede repetirse exactamente en otro: su propia forma.
Quizá deberíamos dejar de tener tanto miedo a nuestras curvas.
A las decisiones que no entendieron los demás.
A cambiar de opinión.
A tardar más.
A empezar de nuevo.
A no parecerse demasiado al resto.
Porque quizá crecer no consista en conseguir que alguien nos enderece.
Quizá consista en descubrir hacia dónde queremos crecer.
Y si nuestra forma de hacerlo no encaja con lo que los demás esperaban, tampoco pasa nada.
Al fin y al cabo, un bosque lleno de árboles perfectamente rectos sería bastante aburrido.
Los árboles torcidos también forman parte del paisaje. 🌳💜
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