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06 octubre

Francisco: cuando los nombres de siempre vuelven a sonar.

 


Hay nombres que durante años parecen desaparecer de las conversaciones.

    Los escuchábamos constantemente cuando éramos pequeños, los llevaban nuestros abuelos, nuestros padres, nuestros vecinos… y de repente dejaron de aparecer en las listas de los nombres que los padres elegían para sus hijos.

Francisco es uno de ellos.

    Durante décadas fue uno de los nombres masculinos más habituales en Aragón. De hecho, los datos históricos muestran que antes de 1930 estaba entre los nombres de hombre más frecuentes en la comunidad, junto a José, Antonio, Manuel, Ángel y Jesús. Hoy, en cambio, los nombres que más se eligen para los recién nacidos son otros, como Martín, Mateo, Hugo, Leo, Lucas o Pablo. 

Pero hay algo curioso en todo esto.

Porque quizá Francisco no haya desaparecido tanto como pensamos.

Lo que está cambiando es la manera de recuperar los nombres tradicionales.

Y aquí aparece Francho.

    Francho es la forma aragonesa de Francisco y forma parte de la relación de nombres en aragonés que ofrece el Gobierno de Aragón. Su significado procede del italiano y está relacionado con «francés». 

    Hace ya veinte años se hablaba de Francho como uno de los nombres aragoneses que estaban recuperando presencia entre las familias que buscaban nombres propios de nuestra tierra.

Y hoy vuelve a aparecer en artículos y recopilaciones sobre nombres aragoneses.

    Me parece interesante porque habla de algo que está pasando también con otros nombres tradicionales: ya no se trata necesariamente de recuperar exactamente el nombre que llevaba el abuelo, sino de recuperar la raíz y darle una forma que nos resulte propia.

No es lo mismo llamar a alguien Francisco que Francho.

Pero detrás de ambos está la misma historia.

Y eso ocurre con muchos nombres aragoneses.

Lorién por Lorenzo.

Chuan por Juan.

Ferrán por Fernando.

Felis por Félix.

    Nombres que durante mucho tiempo estuvieron ligados a determinadas zonas, familias o generaciones y que ahora pueden volver a aparecer en una partida de nacimiento.

Porque poner un nombre también puede ser una manera de contar de dónde vienes.

    Un nombre puede llevar detrás una lengua, una tierra, una tradición y hasta una pequeña historia familiar.

    Y quizá por eso estamos viendo cómo algunos nombres que parecían antiguos empiezan a resultar atractivos otra vez.

No necesariamente porque vuelvan a estar de moda.

Sino porque estamos aprendiendo a mirar nuestra propia tradición con otros ojos.

    En Aragón, además, existe reconocimiento legal del derecho a inscribir nombres en aragonés y catalán y a traducir el nombre a estas lenguas propias a partir de determinada edad. El Gobierno de Aragón dispone incluso de recursos específicos para divulgar estos nombres y su significado. Nombres en Aragonés

    Así que quizá dentro de unos años volvamos a encontrarnos con más Francho por nuestras calles.

    Y me parece bonito pensar que un nombre que durante generaciones estuvo ligado a nuestros pueblos y a nuestras familias pueda volver a escucharse en los parques, en los colegios y en las plazas.

Porque las tradiciones no siempre regresan exactamente como se fueron.

A veces cambian de forma para poder seguir viviendo.

Y quizá eso sea precisamente lo que está pasando con Francisco.

O mejor dicho…

con Francho. 💚🏔️

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